El 17 de septiembre de 1990, dos años antes del frustrado golpe de estado contra las instituciones democráticas, protagonizado el 4 de febrero de 1992 por un grupo de militaristas, civiles y militares, obsesionados por el poder, el diario La Nación de San Cristóbal publicó un documento desarrollado por un grupo comunista que hacía vida política en la Universidad de los Andes, del que era miembro destacado Adán Chávez, que conspiraba contra el gobierno junto
con el guerrillero Douglas Bravo y algunos militares traidores a la Constitución, entre ellos Hugo Chávez. Ese documento constituye la fuente de inspiración de los planes estratégicos que Fidel Castro a través de los hermanos Chávez ha diseñado para imponer su Socialismo Siglo XXI en Venezuela, que como he escrito en otras oportunidades es una propuesta surgida en la Universidad de La Habana para incorporar a Cuba a un proceso de apertura económica pero manteniendo el control militarista de la sociedad y que Chávez pretende vender como de su
propia cosecha. Como una contribución para que chavistas y no chavistas sepan en realidad cuál es el destino que espera al país en manos de estos súbditos inusuales, por su propensión a la corrupción, del castro-comunismo, difundo la síntesis publicada en aquella oportunidad por La Nación, que creo de importancia capital que sea conversada con el pueblo que todavía cree que Chávez es su redentor, cuando, como la realidad nos indica, es un agente de Fidel Castro que ha usado la esperanza del pueblo para pivotar su Proyecto. Y los nuevos ricos del régimen, el contratistariado o los delincuentes, deben buscarse en estas líneas para que pongan sus malhabidas fortunas en remojo. La esperanza y la codicia han sido las herramientas de Fidel para entronizar a Chávez en el Poder.
Aconsejo tanto a los chavistas esperanzados y a los no chavistas comparar este documento con el gran salto adelante, con diez objetivos estratégicos, presentado por Chávez a sus seguidores en el Teatro de la Escuela Militar entre el 13 y 17 de noviembre del 2004, así como con el mapa de navegación estratégica y métodos de acción, para realizar la primera fase de la revolución hasta el año 2021. Se llevarán una sorpresa, sobre todos los chavistas como Rangel Gómez.
La libertad es una ilusión, es irrealizable, porque nadie sabe usarla con discreción
"Hablemos con toda franqueza y discutamos el sentido de cada idea. Es necesario fijarse que el número de hombres con instintos perversos es mucho mayor que el de aquellos con instintos nobles. Por lo cual, un gobernante, obtiene mejores resultados empleando la violencia y la intimidación, que utilizando los discursos académicos. ¿Qué es lo que ha contenido esas fieras salvajes y de rapiña que llamamos hombres? En las primeras épocas de la sociedad estaban sometidos por la fuerza bruta y ciega; después se sometieron a la ley, que no es otra cosa que la misma fuerza disfrazada. Esta consideración me lleva a deducir que, fijándonos en la ley natural, el derecho reside en la fuerza. Entonces la idea de libertad es irrealizable, porque ninguna persona sabe como hacer uso de ella con discreción. Los ejemplos son abundantes: es suficiente dar a las masas poder de gobernarse, para que se conviertan inmediatamente en un tropel completamente desorganizado. ¿Puede un espíritu sensato creer que llegaría a gobernar las masas con argumentos y razonamientos lógicos, sabiendo que las ideas se contradicen unas a otras y debilitan la autoridad y la fuerza? ¿Alguien dirá que son inmorales estos planteamientos sobre el gobierno y sobre los hombres? Es posible que lo piensen, pero nada disminuye su valor sobre la realidad, porque la política nada tiene en común con la moral. Un jefe de Estado que pretenda gobernar con arreglo a leyes morales, no es un hábil político y por consiguiente no estará seguro en el Poder. Todo aquel que quiera gobernar debe recurrir al engaño y a la hipocresía. Téngase siempre presente que en política, las grandes cualidades humanas de
honorabilidad y sinceridad se convierten en vicios durante el ejercicio del Poder. No hay ninguna duda, nuestro derecho reside en la fuerza. La palabra "derecho" es una idea abstracta y en nuestro lenguaje sólo significa: "dame todo lo que yo necesito porque soy más fuerte que tú". Nuestra fuerza, dada la situación quebradiza de todos los poderes civiles, será más poderosa que ninguna otra, porque actúa, según convenga, visible o invisible, dentro o fuera de las leyes. As í el bajo ejército de la delincuencia de todos los géneros, extendido en un país y estimulado contra los poseedores de bienes materiales o contra los defensores de una ideología o religión, es un instrumento de ataque efectivo, con el que se aterrorizan, se dispersan y se debilitan los movimientos opositores. Del mal que momentáneamente causemos, saldrá el bienestar que ofrecerá un gobierno indestructible, duradero y eficaz, orientado por una revolución permanente, cuyos objetivos son prefijados por la jefatura suprema". Escogeremos inexpertos en el arte de gobernar "Seleccionaremos entre el público, administradores con tendencias serviles e inexpertos en el arte de gobernar y los transformaremos en peones de nuestro tablero de ajedrez, donde sólo podrán moverse siguiendo las directrices de la jefatura estratégica. Serán simplemente administradores revocables, sin iniciativas en su ejercicio. Ellos deben actuar convenientemente, según nuestro propósito, para que la mayoría de la población, siga creyendo en todas las leyes teóricas que les hemos impuesto, las cuales deben acatar, cumplir y hacer cumplir. La población debe creer que las leyes garantizan sus derechos, aunque dentro de un proceso revolucionario, las leyes pueden cambiar cada vez que la revolución lo exija. La prensa es una gran potencia que debemos controlar y ponerla al servicio de la revolución. Por medio de la prensa (hoy diversos medios de comunicación) se domina el espíritu público y a la vez se orienta la critica y se controla la opinión pública, tanto hacia lo interior de las naciones, como hacia las convenientes relaciones internacionales".
Por la crisis económica acrecentaremos el odio "Hoy puedo asegurarles que estamos ya a muy pocos pasos de nuestro objetivo final. Bien pronto se derrumbarán los obstáculos que existen en la actualidad. Bien pronto el desorden y la bancarrota se notarán en todas partes. Desde el Poder se puede prepararen breve plazo el derrumbamiento de todas las viejas instituciones. El camino está preparado para llegar al caos controlado por nosotros. En todas las constituciones hemos tenido cuidado de hacer incluir derechos para las masas; derechos éstos absolutamente ficticios, que al no cumplirse generan descontento e injusticias, atribuibles éstas a los ricos explotadores de los pobres. ¿Para qué sirve una constitución al proletariado, si de ella no pueden recoger más que las migajas sobrantes, que reciben a cambio de su voto, para que podamos elegir agentes nuestros, controlados rigurosamente por la revolución?".
Los trabajadores serán de las primeras víctimas "Nuestra misión es hacer creer que somos los libertadores del trabajador, que venimos a sacarlos de la opresión y con esa proposición nos ganaremos las masas durante el tiempo indispensable para establecer y consolidar el régimen revolucionario y en esa etapa avanzada, ya poco importa la popularidad y sólo tiene valor la disciplina y la obediencia sin límites a la autoridad suprema.
El hambre concederá al Poder revolucionario amplios derechos sobre los trabajadores, mucho mayores que los alcanzados por los soberanos con la fuerza de la aristocracia".
El resentimiento como suicidio de la libertad "Manejaremos las masas valiéndonos de la envidia, los resentimientos revanchistas y el odio. Este odio se acrecentará más por el efecto que ha de producir la crisis económica, la que orientaremos hacia la paralización del comercio y la producción. Paralización o intervención, en todos los niveles donde la revolución no ejerza el control absoluto. Aceleraremos la crisis económica echando a la calle millones de desempleados, estimulándolos para que se lancen sobre las propiedades privadas de los ricos explotadores, hasta que el populacho haga sentir su poder y su desenfreno libertario. Entonces, nosotros desde el Poder, borraremos del diccionario humano la palabra libertad, por ser la libertad de las masas una ilusión de poder, que transforma los seres humanos en animales sanguinarios. No deben los revolucionarios olvidar, que los animales feroces se adormecen cuando están hartos de sangre: los bienes y la sangre de los ricos, adormecerán las masas desbordas y enfurecidas durante el tiempo necesario y conveniente al proceso revolucionario".
Arrancar de los espíritus hasta la concepción de Dios "La libertad podría ser inofensiva y coexistir bajo un gobierno revolucionario, sin ser perjudicial a la prosperidad del pueblo. Pero con la libertad viene el inconveniente de los mercaderes de la fe, que inducen las masas a servir a Dios y a obedecerle, con los cual los pueblos quedan bajo el dominio de los pastores religiosos y esto no lo puede tolerar un gobierno revolucionario. Por ello el primer deber de la jefatura suprema es dictar las medidas para arrancar del espíritu de los cristianos hasta la concepción misma de Dios y sustituirla por creencias acordes con la fe revolucionaria que cumple el milagro de la liberación de los oprimidos. Las rivalidades, la lucha por la supremacía y las continuas especulaciones en el mundo de los negocios, van creando una sociedad desmoralizada,
egoísta y sin corazón. Esta sociedad terminará por ser completamente indiferente frente a la religión y frente a la alta política prerevolucionaria. Entonces en esa encrucijada, sin fe y sin orientación, el populacho, las clases inferiores, se unirán a la revolución y las clases cultas, junto a los profesionales rebeldes, tendrán que rendirse incondicionalmente o migrar, dejando atrás los bienes que aún posean".
Todos los mecanismos del Estado deben estar en nuestras manos "¿Qué clase de gobierno puede darse a sociedades donde la confusión y la corrupción se han generalizado por todas partes; en donde la riqueza no puede adquirirse mas que por la astucia, la sorpresa u otros medios fraudulentos; donde reina el desorden, sin moral, sin disciplina; donde debe prevalecer el castigo, con leyes severas y no por principios voluntariamente aceptados; donde los sentimientos de patria y de religión han desaparecidos gracias al desarrollo adquirido por las teorías cosmopolitas y monetaristas? Nosotros queremos formar un gobierno central y fuerte, de modo que siempre podamos tener en nuestras manos las fuerzas sociales. Entonces, con nuevas leyes, reglamentaremos la vida política y económica de nuestros súbditos, como si cada uno de ellos formara parte de los engranajes de una máquina. Podrán decirnos que la clase de gobierno que yo sugiero no está de acuerdo con el progreso de la civilización actual, pero voy a demostrar lo contrario: en aquellos tiempos en que los pueblos creían que los gobiernos eran encarnación de la voluntad divina, se sometían tranquilamente al despotismo de sus monarcas. Pero desde que inoculamos al populacho la noción de sus propios derechos, miraron a los reyes como simples mortales. Y cuando perdieron la fe religiosa, se liberaron y arrojaron el poder a la calle, para que nosotros lo recogiéramos. Durante cierto tiempo, una coalición general de todos los cristianos, podría ponernos en gran peligro, Pero la mejor protección será la que ellos mismo nos proporcionen con sus eternas contradicciones, sus rivalidades y sus odios, cuyas raíces no pueden extirpar… De modo que ningún gobierno encontrará apoyo en el de su vecino, para ir en contra nuestra, porque cada uno de ellos pensará que una acción contra nosotros, puede ser desastrosa para su existencia misma. Así es como todos los engranajes y mecanismos del Estado se mueven solamente por una fuerza que está en nuestras manos y que es el poder financiero y del oro. También es muy importante que nadie dude de nuestras ideas liberales, de las que haremos gala frente a todos los partidos y todas las tendencias. Y para asegurarnos la opinión pública, es necesario embarullarla por completo, haciéndole oír, por diferentes conductos, ideas y opiniones contradictorias, en párrafos muy largos, para que los cristianos se pierdan en el laberinto. También debemos multiplicar a tal punto los desaciertos, las bajas pasiones y las leyes cambiantes, para que nadie sea capaz de pensar con claridad y menos intentar rebelarse"
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