Para arruinar la industria debemos favorecer la inflación
"Bien pronto comenzaremos la organización de grandes monopolios donde se acumularán riquezas colosales, tanto nuestras como de los cristianos y de otros sedientos de ganancias. Entonces nosotros provocaremos la crisis política, previo retiro de nuestros fondos para llevar todo a la bancarrota, al hundimiento total de los capitales que especulan fuera de nuestro control.
Aumentaremos los salarios con regularidad, lo que no proporcionará ventaja alguna a los obreros, puesto que al mismo tiempo elevaremos todos los productos de primera necesidad.
Debemos desorganizar la producción en sus bases, sembrando los gérmenes de la anarquía donde haya capital, trabajo y productividad. Así obligaremos a los productores a abandonar las propiedades privadas ubicadas en los campos fértiles. Propiedades que pasan al Estado y que serán entregadas al proletariado revolucionario. Así justificamos las confiscaciones, simulando que hacemos justicia social cuando atacamos los monopolios de la tierra y damos un alivio pasajero a los desvalidos, quienes nada producirán...".
El aumento de las fuerzas militares es esencial para nuestros planes
"La intensificación del servicio militar y el aumento de las fuerzas de policía, son esenciales para la realización de nuestros planes.
En toda Europa y con la ayuda de Europa debemos suscitar en los demás continentes la sedición, las disensiones y la mutua hostilidad. Es previsible que para conseguir ese objeto nos hace falta recurrir a infinidad de engaños y artificios durante las negociaciones, pero cuando acudamos a eso que llaman "la lengua oficial", adoptaremos una táctica opuesta, aparentando ser sumamente honrados y conciliadores. Tenemos que estar preparados por si algunos se opusieren a nuestros proyectos. En caso necesario debemos llegar hasta la declaración de guerra al país vecino que pretendiera atravesarse en nuestro camino. Pero si estos vecinos, a su vez, decidieran unirse en contra nuestra, será preciso desencadenar una guerra total".
Tendremos a nuestro alrededor un ejército de economistas y banqueros
"Debemos conocer y estar seguros de todos los procedimientos y de todos los medios que manejan nuestros enemigos. Nos valdremos de recursos y argucias, los más oscuros y complicados que existan en las leyes, en el caso de que nos veamos obligados a justificarnos y a tomar determinaciones que pudieran parecer atrevidas e injustas, porque será de gran importancia ejecutar tales
decisiones de una manera tan enérgica que, a los ojos del pueblo, puedan aparecer de naturaleza completamente razonable y justa.
Nuestro gobierno deberá, superada la fase inicial con el servicio de la burocracia servil e incompetente, rodearse de todos aquellos elementos más poderosos de la civilización: publicistas, abogados notables, procuradores, administradores y diplomáticos que hayamos formados y educados en nuestras escuelas especiales y guiados por la ideología revolucionaria. Tendremos a nuestro alrededor millares de banqueros, de negociantes y lo que es más necesario, millonarios, porque en realidad el dinero lo decidirá todo. Sin embargo, mientras no estemos seguros de que los altos puestos del gobierno sean desempeñados por nuestros hermanos
revolucionarios, confiaremos dichos puestos a personas cuyos antecedentes y reputación sean tan malos, que se establezca una gran separación y repudio entre esos funcionarios y la nación. Los prontuarios de estos elementos, son la garantía de la lealtad a nuestro gobierno. Los profesores deben conocer los secretos de la vida social y deben ser maestros prácticos en todo lo que se refiere a la política en general. También deben ser conocedores del corazón humano, de sus fortalezas y debilidades. Ellos deben tocar diariamente las cuerdas más sensibles de esos corazones, para oír cada acorde y cada modulaci ón".
Hemos embrutecido y corrompido varias generaciones "Al aplicar los principios que orientan nuestro proyecto, tenemos que poner mucho ciudadano en conocer el carácter particular de la nación, en el seno de la cual tenemos que vivir y trabajar. Es preciso que esa nación haya sido reeducada por nosotros. Sabemos por otras experiencias, que el carácter más obstinado cambiará, debidamente tratado, en un plazo de diez años y de ese modo podremos añadir un país más a aquellos que ya se nos han sometido. Gobernaremos por la fuerza, con una voluntad indomable, porque somos los restos de un gran partido que gobernó en otros tiempos. Somos el manantial del terror que se ha extendido por todas partes. Los pueblos están reclamando angustiados las indispensables soluciones a los problemas sociales. Las fallas y disensiones de los partidos han puesto esos pueblos en nuestras manos y para no destruir prematuramente las instituciones civiles y militares, nosotros las hemos retocado con nuestra mano experta, al mismo tiempo que nos hemos adueñado de los principales resortes de sus mecanismos. De este modo todos verán que nuestro poder llega a todas partes y que nos hemos mezclado en asuntos de justicia, en los manejos electorales, en la dirección y control de la prensa, en el desenvolvimiento de la libertad individual, y sobre todo, en aquello que más trascendencia tiene, como es la instrucción y educación general, que son los principales sostenes de la existencia libre. Con adecuados procesos didácticos, hemos embrutecido y corrompido varias generaciones, enseñándole a niños y jóvenes, principios y teorías que sabemos de antemano enteramente falsas, pero que nosotros mismos las hemos inculcado".
Destruiremos la importancia de la familia y su valor educativo "Empiezo hoy por repetir lo que ya he dicho: Los gobiernos y los pueblos no ven más que la apariencia de las cosas. Y ¿cómo esperan ustedes que ellos desentrañen el sentido íntimo de las cosas y de los acontecimientos, cuando sus representantes o
dirigentes no piensan más que en divertirse, enriquecerse fácilmente y aumentar sus propias rivalidades por llegar al poder? Es muy necesario para nuestra política tener presente este detalle que nos ayudará cuando lleguemos a la discusión de la división del poder, de la libertad de palabra y de prensa, de la libertad de conciencia, de la inviolabilidad de la propiedad privada y del domicilio, de los impuestos, de la fuerza retroactiva de las leyes. Todos estos puntos fundamentales para nosotros, no deben tratarse directamente
delante del pueblo. Cuando demos nuestro golpe de Estado, diremos al pueblo que, 'todo marchaba espantosamente mal y por tal razón, todos ustedes han sufrido más allá de lo que se puede soportar. Nosotros venimos a destruir las causas de esos tormentos y podemos hacerlo logrando la mayor justicia para los pobres y la mayor condena para los culpables. Del sufragio universal haremos
un instrumento para subir al poder o para conservarlo, cuando estemos seguros de tener las condiciones más favorables. El sufragio popular cumplirá por última vez su papel, expresando el deseo unánime de todos. El sistema de elegir debe cambiarse, porque la masa popular no tiene un criterio sensato y es engañada por charlatanes y demagogos. El populacho sólo intervendrá, bajo estricto control de nuestras autoridades, con el fin de hacerle creer que tiene poder como elector, para decidir la conformación del gobierno y de su propio destino... Alcanzada la fase de consolidación de nuestro sistema y lograda la reeducación de la mayoría de la población, pasamos a destruir la importancia de la familia cristiana y su valor educativo. Así quedará cerrado el ascenso de individualidades que
puedan perturbar el orden impuesto al populacho, al que sólo orientarán nuestros dirigentes revolucionarios. En la nueva constitución restringiremos al mínimo el número de diputados y si entre ellos surge alguna discrepancia con las disposiciones de la suprema jefatura, reduciremos esos sedicentes a la nada, sometiéndolos al juicio popular".
La libertad, los derechos, el principio electivo, deberán desaparecer del repertorio humano "El Consejo de Estado servirá para confirmar el poder del gobierno. Bajo las apariencias de un cuerpo legislativo, será en realidad un
comité que redacte las leyes y decretos que convengan al gobierno. Se habla de la libertad de la prensa, del derecho de asociación, de libertad de conciencia, del principio electivo y de muchas cosas más que habrán de desaparecer del repertorio humano. Éstas son las formas culturales cristianas que debemos eliminar radicalmente en la nueva constitución. Si esos cambios operan en el sentido de la severidad rigurosa, pueden acarrear desesperación y si operan en sentido de complacencias ulteriores, se dirá que hemos reconocido nuestros errores y esto debilita la aureola de infalibilidad del nuevo poder. Lo uno y lo otro perjudican el prestigio de la nueva constitución. Avancemos en movimientos uniformes, cuidando las apariencias formales".
Haremos una prensa para imbéciles "Con la prensa obraremos del modo siguiente: ¿Qué papel representa actualmente la prensa? Sirve para encender las pasiones y para fomentar los egoísmos de los partidos. Es la prensa vana, injusta, mentirosa y la mayor parte de los hombres no comprende para qué sirve. Nosotros la marcaremos y le pondremos frenos, haciendo lo mismo con las demás obras impresas (actualmente se agrava la descalificación, al tener las naciones otros medios de comunicación con gran poder de difusión del pensamiento: TV, radio,
Internet). ¿De qué nos serviría el desembarazarnos de la prensa, si habríamos de servir de blanco en otras las publicaciones o libros? Entonces transformaremos la publicidad, que tan caro nos cuesta hoy, porque ella es la que nos permite censurar los periódicos, con los impuestos y otras limitaciones. Crearemos un impuesto especial para la prensa y exigiremos una participación oficial, cuando se funden periódicos o imprentas. De este modo y con otras presiones colaterales, nuestro gobierno quedará garantizado contra los ataques de la prensa y nada será dado a conocer a la gente sin nuestro visto bueno. Con estas medidas, el instrumento del pensamiento se convertirá en medio de educaci ón controlado por nuestros agentes, que no permitirán a las masas divagar sobre los
beneficios del progreso y la libertad. Y para bien de los espíritus favorables a la tendencia que habremos establecido, nuestras publicaciones serán baratas y leídas por todo el mundo. La necesidad del pan cotidiano, hace callar a los pueblos y los convirtiéndolos en nuestros humildes siervos. También presentaremos en la prensa concursos de arte, de deportes de toda clase y
con estos entretenimientos, los pueblos apartarán los ánimos de aquellos asuntos que pudieran causarnos conflictos.
Los hombres preferirán el descanso de la servidumbre "Cuando nuestro poder se haya consolidado, no reconoceremos ninguna religión que pretenda dominar las masas y en consecuencia, para evitar perturbaciones, nosotros debemos destruir todas las creencias. Para descalificarlos resaltaremos los errores de administración o las fallas morales de los cristianos, que serán descritos con los más vivos colores por nosotros.
Excitaremos la repugnancia contra ellos, para que los pueblos prefieran el descanso de la servidumbre, desechando los derechos a la famosa libertad, que alguna vez les causó inquietudes". El derecho del más fuerte debe ser usado
"Cuando empecemos a gobernar, trataremos de que no haya complots contra nosotros. Para conseguirlos, condenaremos a severas penas a todos aquellos que atenten contra el gobierno establecido. Para que un gobierno sea inamovible, es necesario reforzar constantemente la aureola de su poder y esta aureola no se obtiene más que por medio de la inflexibilidad. El pueblo respeta siempre al que lo hipnotiza con el valor y por la fortaleza del espíritu. ¡Cuán clarividentes fueron nuestros sabios antiguos, al decir que "para conseguir un objeto, no hay que detenerse ante ningún medio ni contar las víctimas que caen sacrificadas". Expulsaremos el liberalismo de todos los puestos importantes en nuestra administración, dando el ejemplo y la debida educación a nuestros subordinados. Solamente serán admitidos en esos puestos, los revolucionarios que hayamos educado para cumplir misiones en el gobierno. Nuestro gobierno tendrá características de una tutela patriarcal, paternal y nuestros súbditos verán la autoridad suprema, como un padre que se preocupa por todas sus necesidades, de todas sus acciones y de todas sus relaciones. Se inculcará en la mente de los súbditos que sólo podrán vivir en paz y en calma, manteniendo esta tutela y dirección de la jefatura que merece respeto y veneración por su justicia y sabiduría.
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